Un refugio en una casa de libros, mesas de letras y comida de
páginas que acompañan el perecer de cada pensamiento relatado y escrito, pero
no llevado a cabo. Considerando las paredes rebosantes de ideas volcadas a la
realidad, de mariposas que fomentan el callar. Creí verlo sonreír.
Fue sólo un sueño de ilusión de encontrar
al fin la llave que encajara con la puerta destinada a ser abierta. Aun así,
nada es lo que parece.
Mentiras y más mentiras alimentan mis
oídos repletos de hipocresía, volcándose luego en una lágrima que no debería de
haber escapado de mis párpados. Cada hoja de un otoño pasado entierra una vida
transcurrida en tan sólo un momento. La indignación drena mis palabras, de las
que huyen mis tintas esperando ser moldeadas en un papel.
Nadie espera ser eterno. Toda acción realizada se pliega al molde
de la persona, se pinta en el cuadro de lo real y abstracto. Cada uno es quien
es. No necesariamente eso demuestra.

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