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viernes, 20 de junio de 2014

De escalones a la verdad.

Un refugio en una casa de libros, mesas de letras y comida de páginas que acompañan el perecer de cada pensamiento relatado y escrito, pero no llevado a cabo. Considerando las paredes rebosantes de ideas volcadas a la realidad, de mariposas que fomentan el callar. Creí verlo sonreír. 
Fue sólo un sueño de ilusión de encontrar al fin la llave que encajara con la puerta destinada a ser abierta. Aun así, nada es lo que parece. 
Mentiras y más mentiras alimentan mis oídos repletos de hipocresía, volcándose luego en una lágrima que no debería de haber escapado de mis párpados. Cada hoja de un otoño pasado entierra una vida transcurrida en tan sólo un momento. La indignación drena mis palabras, de las que huyen mis tintas esperando ser moldeadas en un papel.

Nadie espera ser eterno. Toda acción realizada se pliega al molde de la persona, se pinta en el cuadro de lo real y abstracto. Cada uno es quien es. No necesariamente eso demuestra.

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