Morir se hace una fantasía adyacente
a la verdad. Uno muere, ya sea en el primer o tercer intento. ¿Será que estoy “viva”
porque una parte de mi subconsciente no quiere morir? ¿Será que estoy muerta,
pero con la firme ilusión de vitalidad, y por ello no puedo volver a morir?
¿Hasta qué punto estoy consciente de estar acertada?
Mi alma está putrefacta. Mi edad
mental envejece años en tan sólo segundos. Y el dolor se hace cada vez más
agudo. Pero, ¿Hay que sentir el dolor para saber que uno está vivo, o es la imaginación
lo suficientemente fuerte como para simularlo de una forma tan real?
El dolor se hace grave y punzante
como una llaga. En estos momentos, solo querría disparar hacia mi alma maldita,
y que las aguas penetren por la herida, enfriando mi ardiente pena y congelando
mi duro corazón.
Las palpitaciones, como fuertes
tambores, retumban por las paredes internas de mis oídos, distribuyéndose por
mis venas y moviendo los centímetros de piel arrítmicamente.
¿Cómo saber la verdad? ¿Cómo
imaginar si esto es ilusión o realidad; en vida o en muerte?

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