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miércoles, 15 de enero de 2014

La dama de cristal.

Ella yace sobre lechos de las rosas más rojas, tan blanca y frágil como el cristal de medianoche, con tinta corriendo bajo su transparente piel. Siempre cubierta con máscaras y disfraces, actuando de forma complaciente para sus espectadores. Alimenta su mirar con palabras y frases que algún día tendrán sentido; ojos color del clima y sonrisas sabor a tiempo. Habla mariposas y reza metáforas, piensa paces y guerras mientras sus ideas se enrollan en tirabuzones de rulos enmarcando su rostro.
Vive en el pasado, y tiene recuerdos de engranajes, que formarán máquinas en un futuro. Filtra melodías a través de sus oídos y pinta con su imaginación a colores. Vuela con la mente, camina en los bordes de acantilados que separan su cordura de su locura, baila poemas con sus dedos y crea laberintos en forma de preguntas.
Se sienta bajo árboles y prados y cielos tan sólo para observar al mundo que la rodea y, al mismo tiempo, al mundo que crea con las estrellas. Observa con la cabeza torcida para admirar, con ojos del alma, el interior de las obras de arte que son las personas y la naturaleza que tanto añora.

Sus media sonrisas significan orgullo de formar parte de un todo, significan “gracias” por ser intermediaria entre su creatividad en un mundo aparte y solamente suyo poblado por sus personalidades, valores, actitudes, errores y defectos; y un mundo “real” en el que no mucho depende de ella, en donde todo crece, se transforma, y maravilla.

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