Todo llueve, las palabras se hacen más intensas mientras escalofríos recorren mi piel. Alarmas suenan, alertando devastación, soledad. Con cada trueno, mi espíritu se colma de la energía que se fue escabullendo en todo el día.
Los destellos arrancan mi autoestima, con el que antes solía sentirme bien, completa.
Mis oídos se llenan de soledad, mis ojos de vacío y mi piel con dolores ahumantes que gritan auxilio, mientras mi sonrisa aclama tu nombre.
El llanto de nubes que alimenta tu disgusto, y las llamas de la soledad que llenan mi desesperanza se combinan formando rosas de estrellas, con tallos de palabras; cuando por dentro transcurre la amarga savia de nuestra amistad.
Hace frío, como el día en que nos reunimos. Es de noche, como cada día en que solíamos vestirnos de personas diferentes y usar máscaras de novios y amigos, de santos y zorras; de cualquier cosa menos nosotros mismos.
Hace frío, es de noche, y te extraño.
Hace frío, es de noche, te extraño y es mi primer día sin ti.

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