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jueves, 17 de enero de 2013

Llego. Abro la puerta y sin dudar corro a recostarme sobre mi cama, dejando todo el resto en segundo plano.
Observo mi pared blanca , mi lienzo de sueños e ilusiones. Mientras imágenes, risas y encuentros pasan por mi mente esbozo una sonrisa. Sonrisa de algo que podría pasar, pero no pasará.
Abrazo... una almohada. Allí, simbólicamente, me aferro a mis fantasías, a mi vida en las nubes, a mi mundo.
Lágrima... Espera, ¿Lágrimas? ¿Llorarás por algo tan inútil, sin importancia y estúpido? ¿A ese nivel te rebajaste?
Restriego mis ojos y seco mi cara con mis manos.
Decidida, me levanto, me dirijo hacia la puerta y la abro preparada para enfrentar al mundo.


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