Quiero, solo… sola. Carroñeros alrededor del cuerpo que,
inválido, lentamente se consume hasta algún día morir. Las palabras sobran, pero no hay necesidad de
hablar de más. No hay necesidad de opinar y ser solamente el alguien que, a un
costado, observa y da su punto de vista de tal o cual situación. No quiero
comentaristas. Comentaristas que no saben vivir su propia vida, y quieren
entrometerse en el resto.
Tampoco quiero esto. Quiero sacar finalmente está cubierta,
esta máscara o disfraz que vengo usando por tantos años. Quiero sacarme todo;
terminar con “amistades” que en realidad nunca lo fueron, quiero conocer gente
cuando quiera, no cuando me lo impongan. Quiero que “depender de un hombre” no
signifique necesariamente ser feliz. Quiero sola.
Necesito tener esa única amiga que sé que tengo, y no ser
juzgada por ello. Necesito poder vivir, crecer, equivocar y acertar por mí
misma, no obligada a hacerlo. No movida por la masa. Necesito elegir mal,
elegir bien o simplemente no elegir sin críticas inútiles. Necesito sola.
Adoraría entendimiento, comprensión. Porque no todos estamos
bien, pero tampoco mal. Adoraría ser, sin límites. Porque el resentimiento
social a lo diferente no lo permite; prohíbe. Adoraría conocer, sin
expectativas o planes. Porque todo “debe ser así”, aunque no debería. Adoraría vivir,
sin preguntas, sin explicaciones innecesarias. Porque todo debe ser entendido,
a pesar que no tenga explicación más allá del sentimiento, de adrenalina. Adoraría
escuchar, la verdad sin trucos. Porque aquí todo es mentira, todo es falso por
más verdadero que parezca. Adoraría sola.
Porque quiero, porque necesito, porque adoraría poder vivir
sin sociedad. Sin límites, sin diferencias, sin comentarios de la masa
desacostumbrada a lo “anormal”. Sin sugerencias, sin imposiciones, sin nada. Yo,
sola.

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