Nada parece ser más que tu inconcluso juego de azar en el que buscas ganar a toda costa, en el que buscas su cansancio, su rendición, su reverencia a tu ego controlador. Palabra por palabra tu sangre se fortifica, tus ojos brillan con un destello de ganador poco justificado y malicia que solamente logra degradar la decadencia en la que tus "presas" caen por tu merced.
¿Oyes las voces? Aclaman tu caída, ansían con fervor tu reverencia ante la verdad y que aprendas sobre humildad. Sino...piden tu horca; la dulce y venenosa sangre que todavía corre por tus venas, que se drene, que pare y no fluya... y que duela, que duela tanto que cause placer observar tu dolor. Tus víctimas han hablado, ¿Qué eliges?

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