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jueves, 21 de noviembre de 2013

Ella


La necesito. Es mi necesidad, mi mayor prioridad, mi esperanza; el arcoíris en la lluvia. Es la excepción de cualquier error general, el abrazo cálido de bienvenida, la consagración de su vida por la mía. Esa sonrisa contagiosa de alegría en cualquier situación. Esa dulce y fina que solía decir “tranquila, mi muñequita, todo va a estar bien. No es nada”, que solía hacer promesas juradas y calmar todo ser en apuros. Esa persona que era simplemente algo bueno en envase pequeño, que sabia ver todos los detalles y los apreciaba con toda gratitud. Esa persona a la que le regalabas rosas todas las mañanas y que con solo decir “buenos días” liberaba una clase de conjuro que hacía que todos esos días fueran buenos de verdad. Ese increíble ser que aun débil físicamente, inspiraba seguridad y felicidad instantánea.
Ese recuerdo que brotan lagrimas en vez de rosas, ese abrazo cálido que ahora no es nada más que un inmóvil cuerpo frio: Sus palabras y consejos rebotan en las paredes de mi cabeza, evitándome así su olvido. Esas situaciones de felicidad y alegría plenas que viven en mi memoria y se vuelven cada vez mas vividos como un árbol en  crecimiento, crecen justo conmigo. ¿Dónde estás? ¿Dónde puedo encontrarte? Pues te necesito, te extraño y te quiero. Vivo cada día como si fuera el mismo en que te fuiste. Te extraño demasiado, te quiero más de lo imaginablemente posible y te necesito más de lo pensar. Eras todo para mi, mi estabilidad, ni alegría, mi niñez, y aun lo sigues siendo. Todavía siento tu ausencia y parte de mi alma escapo volando con tu espíritu, lo sé, lo presiento, fugándose de este universo.
Me haces falta y, si pudiera pedir cualquier deseo, te querría de vuelta conmigo. Te quiere (hasta con lo que no tiene); tu sobrina –nieta.

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