¿Qué pasa si no? ¿Si no quiero ser la chica
feliz vestida de rosa, siempre a la moda, escuchando la música del momento? ¿Y
si quiero ser… yo?
Yo, esa chica melancólica vestida de negro, rojo
y plateado, la amante de lo artístico, a la que todos clasificarían como “corta
venas”, la triste que deambula por ahí, la “roca” (aparentemente) sin
sentimientos. Esa mujer sádica, amante del miedo, desconfiada que vive de la
soledad, al desesperanzada de allá, la metalera, la “emo”, la que todos piensan
como buena pero es superada por su maldad, la “bocha”, la mala onda y pesimista
realista que espera ser optimista. La cristiana posiblemente acusada de atea,
la que por romper el cuadrado de la monotonía llaman rebelde y extraña, la
inútil, la “prostituta”.
Esa chica que vive pensando en cosas a las que a
nadie le importan, la actriz, la loca, la falsa; la detallista, la maldita
perfeccionista. La que vive en el pasado y siempre piensa en el futuro. La que
actúa por instintos inconscientemente pensados, la escritora, la densa. La que
quiere libertad, la asesina, la violenta, la científica falsificadora que
engaña y finge. La rockera, la víctima y atacante. La que odia la vida, la inconsciente
supersticiosa, la sensible, la contradictoria. Amante de la muerte y planificadora de
torturas, la vengativa que ve al mundo con otros ojos. La creativa, la “perfecta”
que se cree menos que todos, la de baja autoestima. La adulta con cuerpo de
niña, la mujer machona, físicamente fuerte, valiente y aventurada que esconde
estas contradicciones. La intelectual que esconde su arduo trabajo con holgazanería.
La fea, la gorda, la criticada y autocriticada, la rigurosa, la perfeccionista,
la que esconde y la que miente. La luchadora, la poeta, la que piensa que no
todo se resuelve con violencia, la dramática, la exagerada. Una inútil no
pensante.
Melancólica depresiva. Loca con ataques de rabia
y de euforia. Orgullosa lectora.
La… esa. Esa de ahí a lo lejos, soy yo. La rara.

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