.

.

domingo, 24 de junio de 2012

Presa sin coraje.

Ver como te destrozan el alma poco a poco, ver los sucesos pasar así como si nada y no tener las agallas de detenerlo, de hacer algo por la estúpida timidez que te limita. Saber que pese a los eternos llantos y las cataratas interminables que desborda por sobre mis ojos, nada va a cambiar porque yo no lo permito, porque me auto inhibo, porque cavo mi propia tumba entre los muertos, haciéndome paso entre un suelo de calaveras y un mar de sangre, sangre del alma. Ese es un cementerio de almas de personas aún corpóreamente no fallecidas, pero que su espíritu se fue desprendiendo lentamente de su cuerpo hasta terminar vagando en las eternidades de la misma nada.
Saber que se puede hacer algo al respecto, pero no lo haces por temor, por el trauma que te queda luego de que la opinión ajena reino durante mayor parte de tu vida. No hay coraje para hacerlo, o por lo menos no en el momento indicado. Lloras en el rincón oscuro de tu vida, lloras porque no puedes encontrar un remedio en el que no tengas que encararte con la sociedad que te negó, que te criticó y que te obligó a ser esa persona desconfiada de todo que eres ahora. Ellos cambiaron, pero temes que vuelva el espíritu que te atormentó en su momento, temes que te vuelvan a negar y a criticar, lastimosamente dependes de ellos por tu propia voluntad, porque no puedes hacerles frente y decir de una vez "Aquí estoy yo! y este es mi lugar en el mundo". Por el simple pero a la vez complicado hecho de no enfrentarte a los monstruos de tu pasado no puedes defender lo que quieres. Tu cuento vaga en un desarrollo de agonía permanente, sientes que tu vida no vale y que sólo te tienes a ti misma y que el resto es el ejército de mini demonios inmortales con los que luchas, siendo ellos los fantasmas de tu triste pasado. Tienes un mal delirio sin fin.
El hecho de no ser siquiera mayor te tortura, sientes que no tienes escapatoria pero sólo estás atrapada en una cárcel mental forjada con tus propios recuerdos, experiencias, sueños incumplidos, promesas que nunca concluyeron y pesadillas que lamentablemente no puedes olvidar. Vives en tu trauma.
En fin, te destrozan el alma lentamente, te tortura saber que no puedes hacer nada porque no tienes el suficiente coraje como para hacerlo. Una pesadilla en vida es tu cuento, el que siempre te dijeron que termina con un "felices por siempre", pero ni tuviste la oportunidad de siquiera soñar con el "siempre".
Te atacan, te atacas. Todo por tu cobardía, esa que no puedes sacar de tu ADN, esa a la que maldices todos los días y el único coraje que llegas a tener es en un corto sueño. Esa pequeña niña traumada vive una pesadilla, vive en su retorcida y sádica mente transformada. Esa niña crecida, soy yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario