Mi alma, vacía esta de ya tanto esperar a que el milagro suceda, cuando hay poca probabilidad de ello. Vacía de decepción, de no obtener el resultado que tanto se anhela y lucha por obtener. Hay cosas que valen la pena y son fáciles de obtener, otras que también valen la pena pero que son difíciles de llegar y/o lograr y otras, sirven de distracción para la vida al hacer creer que tienen valor alguno pero valen menos de lo que cuesta llegar a ellas. Sin valor.
Así queda un alma, una vida luego de buscar y buscar algo, un milagro tal vez o una confirmación y/o demostración de actos o pensamientos ajenos. Sin ganas de vivir. Sin valor de autoestima. En total depresión y decepción. Total distracción por aquel mal que las aqueja. No se puede esperar varios milagros a la vez, pues, son como estrellas fugaces, pasan cada años, siglos, minutos, meses o una sola vez en la vida; depende. Todo depende: de cómo sea el alma, la ocasión, la situación, la vida y el resto, el entorno.
Decepción y depresión son sentimientos que no se esconden y que provocan al mismo ser a su autodestrucción, ya sea ésta espiritual o corporal. Palabras o frases, simples o complejas, cortas o largas, cambian la vida de la gente, esa monótona vida de rutinas diarias en la que es difícil escapar. Al encontrar el cambio, algunos lo rechazan, otros lo acogen con importancia y otros los acogen ignorándolos. Pero todos esos cambios, sea cual sea, forman parte de la vida: en la memoria, en el olvido o prevalecen en el presente; todos importan porque forman parte del destino y también del futuro, por más pequeño y simple que sea el cambio.
Los cambios afectan, para bien o para mal, pero importan y forman parte de las vidas en este planeta gris monótono. Lo sé por experiencia. Lamentablemente.


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