Mi alma envejece. Ya no hay marcha atrás en este espacio y tiempo. Aquellas flores, esas marchitas de ahí, se parecen a mi alma en el presente. Al verlas las relaciono con mi posición actual, pero antes no era así, antes las veía, blancas y hermosas, y agradecía mi vida, con todo lo que pasó en ella porque me rejuvenecían, me devolvían mi vida. Ahora, de ellas solo queda su tono amarillo de vejez, están caídas, como derrotadas por el tiempo (pasado), esperando alguna vez volver a nacer. Solo las flores pueden pensar eso. Almas marchitas, decaídas, derrotadas ya no tienen retorno; no pueden volver a nacer esperando un mejor futuro y que su época de gloria regrese.
Ellas esperan que el tiempo haga lo suyo, devolverlas a su creador esté donde esté. Las cosas siguen su rumbo: la vida, las personas, los animales y las flores. También se podría decir que reencarnan en quienes son por dentro, como son en realidad y quienes quieren ser algún día; pero nadie ha regresado para contarnos sus experiencias en la transformación o si existe o no. Bueno, aquí estoy; esperando al destino para que algún día me devuelva a casa y así como otras almas poder contar mi experiencia de vida; aunque para ello tengo que esforzarme si quiero una buena historia de aventura y misterio que contar a mis parientes, hasta los más lejanos.
Sin más que decir allí está, llegó la hora de regresar. Puedo verlo, un precioso paraíso de espíritus felices donde la alegría llueve por doquier. Me despido de mi vida pasada, de mis mejores y peores momentos que merecí pasar para completar mi propósito en la vida y ser al fin, libre de las cadenas que me mantenían sujeta a este mundo y a esta tierra. Me despido con un….adiós y hasta siempre.
Nahir Assad
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